Imagina. No te pierdas en otros pensamientos. Sigue únicamente mi voz e imagina. Ves todo negro, absolutamente negro y escuchas muy bajito el sonido de un instrumento. Aún no distingues qué instrumento es. El sonido va aumentando pero muy poco a poco. Parece que es... sí, lo es. Es el sonido de un violín. Ahora lo escuchas bajito pero con claridad. Ya no sube de volumen. Ves todo negro y hay una melodía a violín bajita. Sigues escuchando. Ahora acoplas el sonido del latido de tu corazón al del violín. El negro que estás viendo va poco a poco tornando a un azul celeste. En efecto, es un cielo. En la parte baja de tu campo de visión ves una nube pequeña y blanca. Ahora miras hacia abajo. Puedes ver el campo desde unos 300 metros. Estás volando. Eres un pájaro. El violín sigue sonando. Notas el aire en todo tu cuerpo. No está frío. No es aire caliente tampoco. Está a una temperatura estupenda. Agitas tus brazos, que no son brazos, sino alas. Notas que no pesas, que puedes respirar aire puro que fluye cómodamente entre tus pulmones. Imagina que vuelves batir las alas. Eres el dueño del mundo. Abajo aparece un camino de arena y alrededor de él se extiende un mar de cuadrados verdes y marrones que conforman el campo. Verdes claros, verdes oscuros. Marrones fuertes, marrones débiles. A un lado hay árboles, hacia el este. Parecen encinas. Te diriges hacia ellas, pero sigues volando a la misma altura. El sonido del violín sigue agitando tus tímpanos armoniosamente. Vas bajando, ahora sí, poco a poco. Imagina que vas haciendo una curva hacia delante y hacia la derecha, bajando, que terminará en las encinas. Es un descenso suave, como cuando empiezas a dormirte. Pero no, no duermes, sabes muy bien dónde vas. Estás llegando. Te aproximas. Estás ahora muy cerca. Planeas un poco por encima de las copas de las encinas y al final de embulles dentro. Imagina que ahora estás rodeado de hojas muy verdes y de ramas estrechas. Miras abajo, pero no puedes ver el tronco de la encina. Hay demasiadas hojas. Intentas ahora mirar hacia arriba y tampoco puedes ver el cielo de donde has venido. Prestas atención al sonido del violín pero ya no está. Ha desaparecido. Imagina que quieres moverte hacia delante pero no puedes. Haces otro intento, pero estás enganchado en una rama. No te puedes mover. Por más que tiras sigues clavado en el mismo sitio. Imagina que ni siquiera puedes oír el latido de tu corazón. Sientes la brisa que entra entre las hojas y te mueves a su merced. Ya no tienes voluntad propia. No puedes moverte a donde quieres, sino hacia donde vaya el viento y tampoco puedes desplazarte, solo giras alrededor de un punto, el que parece que ha quedado atrapado. Sigues viendo hojas verdes y ramas por todos lados pero poco a poco se va convirtiendo en una imagen en blanco y negro. Y esa imagen en blanco y negro se va oscureciendo poco a poco hasta convertirse en negro. Vuelves al principio, pero ahora sucumbes a la cruda realidad. Has imaginado que eras una bolsa de plástico que imaginaba que era un pájaro. Ni el sonido del violín existía, ni el latido del corazón. No volabas ni movías tus alas a tu antojo. Tampoco decidiste ir hacia las encinas. Solo eran imaginaciones de una bolsa de plástico creyendo ser libre. Sin embargo, lo viviste como real. Así es como funciona la libertad.
1 comentarios:
EPIC Y PUNTO.
PLAS PLAS PLAS
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El lector, perdido y desorientado, llegó hasta aquí y dijo: