—Antes, allá arriba, salía el sol cada mañana y, a la noche, se volvía a esconder. No puedo explicártelo mejor. No tenía una hora exacta de entrada y de salida. Cuando estaba fuera se le llamaba día y cuando estaba oculto, entonces, se le llamaba noche.
—Pero a qué exactamente se le llamaba día o noche, no lo entiendo.
—A todo... al momento... al tiempo en el que perduraba la situación. Ya te digo que es muy difícil de explicar. Hay cosas que solo se pueden entender mostrándolas o viviéndolas. Ahora siempre es de noche, la oscuridad lo inunda todo y nos iluminamos con luz artificial.
—¿Entonces, antes, cuando era de noche todo estaba iluminado?
—No, no. Era al revés. Cuando antes era de día absolutamente todo estaba iluminado y podías ver lo que hay entre los edificios altos y las estrellas. A eso se le llamaba cielo. Mejor dicho: «se le sigue llamando» cielo. Porque aunque ahora ya no lo vemos sigue estando ahí. No es como el día y la noche que ya no existen. Ahí arriba es de donde procede la lluvia. Antes también podíamos ver las nubes desde abajo, incluso de noche, pero la luna también desapareció.
—¿La luna?
—Sí, era como el sol, pero en realidad no emitía luz. Era más bien un espejo del sol, reflejaba sus rayos y cuando estaba llena y no había nubes podías ver perfectamente sin linterna. Normalmente la luna solo era vista de noche.
—¿Y qué pasó con la luna?
—Lo mismo que con el sol. Cuando nos despertamos un día, bueno... lo que debió de ser un día, porque a decir verdad todo continuaba oscuro, el sol desapareció de repente y la luna también. Tras esperar veinticuatro horas despiertos en toda la ciudad, el sol y la luna continuaban desaparecidos. Y así desde entonces.
—Bueno, pero no nos hacen falta.
—No. Ahora sabemos que no. Que el calor podemos mantenerlo en la superficie sacándolo adecuadamente del interior de la tierra, que las plantas tienen un ciclo de fotosíntesis independiente a la luz solar, que las mareas son provocadas por fases del viento y éstos, a su vez, estan provocados por el ciclo de enfriamiento y calentamiento del aire. Nuestro reloj circadiano se regula ahora mejor que antes. Hemos tenido que reformular muchas de nuestras leyes físicas y cambiar de paradigma para poder darle sentido a nuestra nueva vida. Al fin y al cabo la cienca no explica cómo funciona el mundo, sino que se dedica a crear esas fórmulas y las adapta convenientemente para que den los resultados que observan que deben dar y así hacer creer que controlan el funcionamiento del universo.
—Pero ¿y si todo esto es un sueño, papá? ¿Y si en realidad ahora estás dormido y sueñas con un lugar así, y sueñas que tú y yo estamos hablando pero nada es verdad? ¿Y si todo es un sueño, papá? ¿Podría ser un sueño? ¿Papá? ¿Papá?
Despertó. La luz se colaba por las rendijas superiores de la ventana y su hija... bueno, realmente no tenía ninguna hija.
—Pero a qué exactamente se le llamaba día o noche, no lo entiendo.
—A todo... al momento... al tiempo en el que perduraba la situación. Ya te digo que es muy difícil de explicar. Hay cosas que solo se pueden entender mostrándolas o viviéndolas. Ahora siempre es de noche, la oscuridad lo inunda todo y nos iluminamos con luz artificial.
—¿Entonces, antes, cuando era de noche todo estaba iluminado?
—No, no. Era al revés. Cuando antes era de día absolutamente todo estaba iluminado y podías ver lo que hay entre los edificios altos y las estrellas. A eso se le llamaba cielo. Mejor dicho: «se le sigue llamando» cielo. Porque aunque ahora ya no lo vemos sigue estando ahí. No es como el día y la noche que ya no existen. Ahí arriba es de donde procede la lluvia. Antes también podíamos ver las nubes desde abajo, incluso de noche, pero la luna también desapareció.
—¿La luna?
—Sí, era como el sol, pero en realidad no emitía luz. Era más bien un espejo del sol, reflejaba sus rayos y cuando estaba llena y no había nubes podías ver perfectamente sin linterna. Normalmente la luna solo era vista de noche.
—¿Y qué pasó con la luna?
—Lo mismo que con el sol. Cuando nos despertamos un día, bueno... lo que debió de ser un día, porque a decir verdad todo continuaba oscuro, el sol desapareció de repente y la luna también. Tras esperar veinticuatro horas despiertos en toda la ciudad, el sol y la luna continuaban desaparecidos. Y así desde entonces.
—Bueno, pero no nos hacen falta.
—No. Ahora sabemos que no. Que el calor podemos mantenerlo en la superficie sacándolo adecuadamente del interior de la tierra, que las plantas tienen un ciclo de fotosíntesis independiente a la luz solar, que las mareas son provocadas por fases del viento y éstos, a su vez, estan provocados por el ciclo de enfriamiento y calentamiento del aire. Nuestro reloj circadiano se regula ahora mejor que antes. Hemos tenido que reformular muchas de nuestras leyes físicas y cambiar de paradigma para poder darle sentido a nuestra nueva vida. Al fin y al cabo la cienca no explica cómo funciona el mundo, sino que se dedica a crear esas fórmulas y las adapta convenientemente para que den los resultados que observan que deben dar y así hacer creer que controlan el funcionamiento del universo.
—Pero ¿y si todo esto es un sueño, papá? ¿Y si en realidad ahora estás dormido y sueñas con un lugar así, y sueñas que tú y yo estamos hablando pero nada es verdad? ¿Y si todo es un sueño, papá? ¿Podría ser un sueño? ¿Papá? ¿Papá?
Despertó. La luz se colaba por las rendijas superiores de la ventana y su hija... bueno, realmente no tenía ninguna hija.
2 comentarios:
Gustar taco el relato. +1
Agradecer taco el comentario :)
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