Cuando abrió los ojos aún era de noche. No había luz en el dormitorio todavía pero esperó a que la vista se adecuara a la oscuridad para ver los muebles de su habitación con el tenue resplandor que entraba bajo la puerta y por una de las rendijas de la persiana mal cerrada que permitía que la luna se colase en su intimidad. Cuando por fin sus ojos se adaptaron a la negrura comprobó que el techo de la habitación se le venía encima, lo tenía justo delante de sus narices, y al pegar un repullo a causa del susto, su cuerpo se internó adentro del colchón de la cama, o eso interpretó él cuando vio que se separaba del techo. Aún boca arriba y muy asustado intentó agarrarse a las sábanas, pero allí no había nada, solo aire.
Entonces calló en la cuenta de que estaba flotando en su dormitorio. ¿Sería esto posible? No, no podía ser. Debería ser algún extraño sueño producido por la fiebre de la gripe por la que estaba pasando y que lo mantenía ya dos días en cama. O no, porque sentía su cabeza despejada y sus articulaciones no le dolían, todo su cuerpo estaba bien. Sus infantiles deseos de poder volar se habían hecho por fin realidad.
Tomó impulso en el aire para girarse y volverse hacia abajo y meterse de nuevo en la cama. Pero en cuanto se dio la vuelta comprobó que la cama ya estaba ocupada... por él. Eso tampoco podía ser, él estaba flotando, no podía estar también en la cama. Se acercó más y miró al intruso. Sí, era él, estaba durmiendo. ¿Cómo pudo su conciencia salirse de su cuerpo? Eso no podía ser posible, a menos que...
Puso su oreja en la boca de aquel usurpador para comprobar que no respiraba, que yacía con los ojos cerrados, inerte y todavía soporoso y febril. Acabo de morir, pensó.
Al intentar seguir su camino, el que a él le habían contado, flotó hacia arriba para atravesar el techo y subir hasta el cielo pero no pudo pasar a través de él, ni tampoco a través del suelo para llegar a la planta baja de la casa cuando lo intentó, ni tampoco a través de la puerta para llegar al pasillo cuando lo probó. No podía salir de su dormitorio.
También le contaron que las almas que no siguen su camino quedan atrapadas para terminar algo que tenien pendiente. Pero él no dejaba nada por hacer, solo tenía 8 años y no tenía obligaciones... lo único que tenía pendiente era una vida entera por delante. ¿Quedaría ahora atrapado para siempre en el dormitorio del que nunca conseguiría salir?
Como no le gustó nada esa idea se dirigió de nuevo hacia el cuerpo de la cama e intentó introducirse en él con todas sus fuerzas, cerrando los ojos y los puños, e intentó revivirse haciendo varios intentos.
Cuando volvió a abrir los ojos, sintió un peso enorme de todas sus articulaciones y la cabeza le producía un terrible zumbido. Miró a su alrededor. Todo estaba como debería estar, cada mueble en su sitio y él febril en la cama. ¿Había sido un delirio o realmente había estado muerto?
Entonces calló en la cuenta de que estaba flotando en su dormitorio. ¿Sería esto posible? No, no podía ser. Debería ser algún extraño sueño producido por la fiebre de la gripe por la que estaba pasando y que lo mantenía ya dos días en cama. O no, porque sentía su cabeza despejada y sus articulaciones no le dolían, todo su cuerpo estaba bien. Sus infantiles deseos de poder volar se habían hecho por fin realidad.
Tomó impulso en el aire para girarse y volverse hacia abajo y meterse de nuevo en la cama. Pero en cuanto se dio la vuelta comprobó que la cama ya estaba ocupada... por él. Eso tampoco podía ser, él estaba flotando, no podía estar también en la cama. Se acercó más y miró al intruso. Sí, era él, estaba durmiendo. ¿Cómo pudo su conciencia salirse de su cuerpo? Eso no podía ser posible, a menos que...
Puso su oreja en la boca de aquel usurpador para comprobar que no respiraba, que yacía con los ojos cerrados, inerte y todavía soporoso y febril. Acabo de morir, pensó.
Al intentar seguir su camino, el que a él le habían contado, flotó hacia arriba para atravesar el techo y subir hasta el cielo pero no pudo pasar a través de él, ni tampoco a través del suelo para llegar a la planta baja de la casa cuando lo intentó, ni tampoco a través de la puerta para llegar al pasillo cuando lo probó. No podía salir de su dormitorio.
También le contaron que las almas que no siguen su camino quedan atrapadas para terminar algo que tenien pendiente. Pero él no dejaba nada por hacer, solo tenía 8 años y no tenía obligaciones... lo único que tenía pendiente era una vida entera por delante. ¿Quedaría ahora atrapado para siempre en el dormitorio del que nunca conseguiría salir?
Como no le gustó nada esa idea se dirigió de nuevo hacia el cuerpo de la cama e intentó introducirse en él con todas sus fuerzas, cerrando los ojos y los puños, e intentó revivirse haciendo varios intentos.
Cuando volvió a abrir los ojos, sintió un peso enorme de todas sus articulaciones y la cabeza le producía un terrible zumbido. Miró a su alrededor. Todo estaba como debería estar, cada mueble en su sitio y él febril en la cama. ¿Había sido un delirio o realmente había estado muerto?
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