miércoles, 29 de septiembre de 2010

Positivismo

Al levantarse de la cama subió la persiana de su habitación, el sol le cegó unos segundos. Cuando la vista se adaptó a la nueva iluminación comprobó el horror que se mostraba a través de la ventana.

El día anterior fue un día normal: se levantó, fue a su odioso trabajo, discutió otra vez con su jefe, hizo el trabajo que no le correspondía, maldijo a su jefe cada media hora y volvió a casa, vio el informativo de la noche mientras cenaba y se acostó. Todo normal, como cualquier día antes.

Ahora, frente a la ventana, no daba crédito a sus ojos. Había un coche parado en mitad de la calzada, no había circulación ni gente en la calle. Sacó un poco más el cuerpo para asomarse a la plaza, que le quedaba a la izquierda, y vio atónito una montaña de coches colisionados y varios fuegos alrededor.

Encendió la televisión de su cuarto para informarse qué había ocurrido, pero no había señal; tampoco la radio estaba emitiendo. Escuchó un grito a través de la ventana y se asomó. Desde la plaza una mujer venía corriendo. Tras ella, un par de lo que parecían muertos vivientes, la perseguían. La atraparon bajo su ventana y vio pávido cómo se abalanzaron sobre ella y comenzaban a morderla.

Con los nervios, tiró la maceta del alféizar sin querer y los zombies miraron hacia arriba. Lo vieron asomado a la ventana y ante la posibilidad de nueva carne fresca dejaron a la mujer y comenzaron a golpear la puerta para entrar. La mujer que permanecía en el suelo se levantó, y convertida ya en uno de ellos, los ayudó a intentar derribar la puerta.

Se apartó de la ventana y bajó corriendo para atrancar la puerta con algunos muebles y preparar la escopeta. "¿Seré el único superviviente de este ataque zombie?", se preguntó frente a la puerta de la entrada apuntando con la escopeta mientras los zombies conseguían entrar.

Tres disparos, uno en cada cabeza, consiguieron acabar con los zombies. La puerta de su casa quedó abierta y salió a la calle sin dejar de apuntar con la escopeta. Estaba asustado, jamás habría imaginado que una cosa así pudiese suceder. Avanzó por la calle con miedo, en cualquier momento podrían aparecer más zombies y debía tener los reflejos suficientes para acabar con ellos antes que se le acercaran.

"Tengo que conseguir comida y buscar un sitio seguro donde permanecer. ¡Menudo día!", se dijo. "Aunque al menos ya no tendré que ir a trabajar", se consoló.

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