- ¿Qué he hecho mal, madre?
- ¿A qué te refieres, hijo mío?
- He creado vida. He creado un mundo idílico y he colocado a hombres como yo, con mi misma imagen y con mi inteligencia, y los he acompañado de otras bestias ignorantes para que les hagan compañía. Desde el primer momento me presenté y e instauré mi autoridad, pero en seguida me perdieron el respeto y me desobedecieron.
- ¿Les has puesto algún castigo?
- Creé otro mundo, más oscuro y siniestro, donde la comida no cae sola de los árboles y los desterré allí. Empezaron a adorarme y a hacerme ofrendas, incluso se mataban unos a otros para ofrecerme lo mejor.
- ¿Y cual es el problema?
- Que se reprodujeron en centenares, en miles, millones de seres. Sembraron mi mundo de codicia, de pobreza, de vicios, de malas artes y de desprecio hacia ellos y hacia mí.
- ¿Y has hecho algo al respecto?
- Sí, madre. Cogí al más puro de todos y le di instrucciones para que creara una casa flotante y se refugiara con su familia y algunas de las bestias ignorantes que creé para ellos. Lo anegué todo de agua y con todo arrasé, salvo con ellos, para que volvieran a empezar.
- ¿Y cuál es el nuevo problema, hijo mío?
- Que volvieron a reproducirse y los antiguos vicios volvieron de nuevo: su arrogancia, su egoísmo, su envidia, su insolidaridad, su desamparo al prójimo, su intolerancia... todo una vez más. Escogí de nuevo a uno de aquellos hombres y le dicté las leyes por las cuales debían regir sus vidas si no querían acabar en un sitio lleno de sufrimiento y desesperanza.
- ¿Y cuáles eran esas leyes?
- Que se respetaran unos a otros, que no se robaran ni mataran entre ellos, que no se deshonraran ni desearan el mal hacia los demás....
- Suena bien ¿Algo más?
- Pues... que me dedicaran un día de la semana en exclusiva para mí, para hacerme ofrendas y pedirme el perdón de sus pecados; que no utilizaran mi nombre si no para referirse a mí con el respeto y honor que merezco como su creador; que me recordaran y me amaran sobre todas las cosas de su mundo.
- Eso me parece un poco excesivo ¿Les has dado tú algo a cambio?
- Les dí la vida ¿qué más que eso? Aún así les prometí la vuelta al primer mundo idílico que les creé para cuando fenecieran.
- ¿Y has cumplido con tu palabra, Sodí?
- No, porque no han aprendido nada. Únicamente piensan en ellos mismos, en sus necesidades y en sus efímeros deseos. Son egoístas sin remedio que esperan de los demás un falso reconocimiento para seguir estando por encima de ellos mientras continúan engatusándolos con sus mentiras y artimañas; son almas pobres. Los he dejado estar mucho tiempo y siguen como el primer día ¿Qué he hecho mal, madre?
- Hijo mío, ¿no has dicho que los has creado a tu imagen y semejanza?
- ¿A qué te refieres, hijo mío?
- He creado vida. He creado un mundo idílico y he colocado a hombres como yo, con mi misma imagen y con mi inteligencia, y los he acompañado de otras bestias ignorantes para que les hagan compañía. Desde el primer momento me presenté y e instauré mi autoridad, pero en seguida me perdieron el respeto y me desobedecieron.
- ¿Les has puesto algún castigo?
- Creé otro mundo, más oscuro y siniestro, donde la comida no cae sola de los árboles y los desterré allí. Empezaron a adorarme y a hacerme ofrendas, incluso se mataban unos a otros para ofrecerme lo mejor.
- ¿Y cual es el problema?
- Que se reprodujeron en centenares, en miles, millones de seres. Sembraron mi mundo de codicia, de pobreza, de vicios, de malas artes y de desprecio hacia ellos y hacia mí.
- ¿Y has hecho algo al respecto?
- Sí, madre. Cogí al más puro de todos y le di instrucciones para que creara una casa flotante y se refugiara con su familia y algunas de las bestias ignorantes que creé para ellos. Lo anegué todo de agua y con todo arrasé, salvo con ellos, para que volvieran a empezar.
- ¿Y cuál es el nuevo problema, hijo mío?
- Que volvieron a reproducirse y los antiguos vicios volvieron de nuevo: su arrogancia, su egoísmo, su envidia, su insolidaridad, su desamparo al prójimo, su intolerancia... todo una vez más. Escogí de nuevo a uno de aquellos hombres y le dicté las leyes por las cuales debían regir sus vidas si no querían acabar en un sitio lleno de sufrimiento y desesperanza.
- ¿Y cuáles eran esas leyes?
- Que se respetaran unos a otros, que no se robaran ni mataran entre ellos, que no se deshonraran ni desearan el mal hacia los demás....
- Suena bien ¿Algo más?
- Pues... que me dedicaran un día de la semana en exclusiva para mí, para hacerme ofrendas y pedirme el perdón de sus pecados; que no utilizaran mi nombre si no para referirse a mí con el respeto y honor que merezco como su creador; que me recordaran y me amaran sobre todas las cosas de su mundo.
- Eso me parece un poco excesivo ¿Les has dado tú algo a cambio?
- Les dí la vida ¿qué más que eso? Aún así les prometí la vuelta al primer mundo idílico que les creé para cuando fenecieran.
- ¿Y has cumplido con tu palabra, Sodí?
- No, porque no han aprendido nada. Únicamente piensan en ellos mismos, en sus necesidades y en sus efímeros deseos. Son egoístas sin remedio que esperan de los demás un falso reconocimiento para seguir estando por encima de ellos mientras continúan engatusándolos con sus mentiras y artimañas; son almas pobres. Los he dejado estar mucho tiempo y siguen como el primer día ¿Qué he hecho mal, madre?
- Hijo mío, ¿no has dicho que los has creado a tu imagen y semejanza?
CATACROCK !!! XDDDDDDDDDDDDDDDD
ResponderSuprimirGran relato, mejor final.