martes, 1 de junio de 2010

Como ella

Crecieron y fueron al instituto juntas; se sentaban juntas y hacían los trabajos de clase juntas. Elvira siempre fue una inspiración para ella. Le repateba que los profesores le dijeran que tenía mala caligrafía y que aprendiera de su compañera Elvira. Así lo hizo, en a penas un par de meses escribía con letras redondas y legibles, como ella.

Salían a pasear juntas y a veces costaba diferenciarlas porque cuando Elvira se cortaba el pelo, ella se lo cortaba igual; cuando Elvira se compraba un suéter nuevo, ella iba a la misma tienda y se compraba el mismo, pero de otro color; cuando Elvira empezó a salir con Carlos, ella se echó también un novio, al que no quería, por cierto.

Iban a cenar juntas con sus parejas y frecuentaban los mismos lugares. Cuando Carlos se compró el Volkswagen, ella azuzó a su novio para que se comprara otro coche y así poder hacer escapadas juntos.

En uno de esos viajes al lago Carlos y ella se quedaron solos en la cabaña y se tiró a sus brazos. Le confesó que realmente estaba enamorada de él, que no quería a su novio que él era el hombre perfecto. Carlos se la quitó de encima como pudo y más tarde se lo contó a Elvira. Desde entonces Elvira y ella se dejaron de hablar.

Se resignó y continuó con su novio, consiguiendo que no se enterara de los motivos de su pelea con Elvira, a la que continuaba imitando en todo. Seis meses después de que Elvira y Carlos se casaran, ella también se casó. La esperaba a la salida del trabajo para seguirla y ver qué hacía. Si Elvira iba a la peluquería para hacerse un nuevo cambio de look, ella iba al día siguiente y pedía el mismo cambio; si Elvira salía de una agencia de viajes con dos billetes a París, ella viajaba a la ciudad del amor al mes siguiente.

Una de esas tardes en las que volvió a casa directamente desde el trabajo sin seguir a Elvira recibió la llamada de Carlos.

Elvira ha muerto, ha tenido un accidente con el coche, le dijo.

Fue al tanatorio para expresar sus condolencias al viudo y llorar por su pérdida. Antes de despedirse quiso ver a su amiga por última vez. Se acercó a la ventana y descorrió las cortinas. Su amiga reposaba tranquila en el ataúd. Tenía muy buena presencia, hasta se podría decir que solo dormía la siesta. Estaba bien peinada, con una onda en el flequillo que le llevaba el pelo hacia un lado de la cara, dejando ésta visible con su fina capa de maquillaje que le ocultaba las arrugas de la madurez; los pómulos lucían sonrojados levemente y resaltaban sus facciones mientras los labios, aunque sin color, lucían un brillo muy natural.

Cuando salió del tanatorio decidió ir a casa dando un rodeo. Se alejó de la ciudad hasta la carretera que cruza el río y dejó el coche aparcado a un lado. Se acercó a la mitad del puente y saltó al vacío.

Ahora ella también tendría el mismo maquillaje que Elvira.

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