sábado, 8 de mayo de 2010

El consuelo

Llevaba demasiado tiempo encerrado en su biblioteca repasando una y otra vez todos sus volúmenes favoritos. Tenía en mente escribir una novela que incluyese lo mejor de cada uno de esos libros, pero cada vez que cogía un folio y lo ponía en su máquina de escribir un terrible miedo a no estar a la altura lo bloqueaba constantemente. Se metía en la cocina y se preparaba infusiones pretendiendo relajar su mente para que las buenas ideas que esperaba llegaran solas. Se sentaba en la mesa y cogía la taza con las dos manos mirando hacia la pared, intentando vislumbrar la frase con la que debía empezar.

Al terminar la infusión de turno dejaba la taza en el fregadero y volvía a la biblioteca para repasar otra vez alguno de los libros que tenía apoyado junto a la máquina de escribir. Intentaba extrapolar trazos de las historias que más le emocionaban a un terreno más personal y diferente, dándole su propio toque para que no resultase una burda copia.

Cansado de no dar con la historia esperada se iba decepcionado una vez más a la cama a intentar olvidarse de todo. Salvo la última noche. Esta noche cuando ya estaba acostado se le reveló algo de lo que aún no se había apercibido. Pensó que en sus doce años como escritor inédito no había tenido ningún fracaso ni recibido ninguna mala crítica ni siquiera había discutido con el editor y todo el mundo le preguntaba ansioso para cuándo estaría su próxima obra. Era eso precisamente lo que él ansiaba y no se había dado cuenta que ya lo tenía. Se arropó con la manta hasta el cuello y durmió feliz.

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