martes, 12 de mayo de 2009

Hay alguien más

Aparqué en el garaje subterráneo de mi piso, me dirigí al ascensor y pulsé el tres. Me miré en el espejo y puse caras mientras subía. El día comenzó bien, pero la reunión de la tarde me dejó agotada y los pies doloridos me pedían bajar ya de los tacones.

Sonó la campanita y las puertas se abrieron. Me dirigí a mi puerta con la mano metida en el bolso buscando las llaves. Una vez dentro decidí que lo primero que haría sería la cena, estaba muerta de hambre y Esteban llegaría en unos quince minutos, así que me dirigí a la cocina directamente, dejé el bolso en una de las sillas y me puse manos a la obra.

Fue en ese silencio cuando me pareció escuchar una respiración profunda que provenía de fuera de la cocina. No le di más importancia y seguí preparando la lechuga para la ensalada. Me dirigí al frigorífico a por un tomate cuando volví a escuchar esa respiración.

Cogí un cuchillo de los grandes y, cautelosa, salí para el pasillo. La respiración continuaba su monótono ritmo. Yo daba pasos silenciosos y al llegar al lado de la puerta del salón comprobé que la respiración salía de allí.

Con los nervios a flor de piel y un nudo en la garganta me planté delante de la puerta, con la mano alzada y el cuchillo con la punta hacia abajo.

En el sofá mi suegra dormía plácidamente. No consigo acostumbrarme a que ahora viva con nosotros.

1 comentarios:

  1. Con el tema de suegras viviendo en las casas no se juega.

    ERES CRUEL.

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