Cuando me desperté, la lluvia golpeaba en los cristales y algunos rayos de luna se colaban entre las nubes y llegaban hasta la cama. Me levanté con un sueño terrible y miré por la ventana. No pude creer lo que vi. Efectivamente estaba lloviendo, pero hacia arriba.
Me quité el pijama y me puse la ropa de estar por casa. Comencé a cenar, no tenía nada de hambre pero la monotonía te hace ser firme en las costumbres. Cuando terminé salí de la cocina con una sensación de hambre atroz.
Me senté al ordenador un rato para leer mi correo y consultar algunas páginas. Cuando vi que el sol comenzaba a salir por el horizonte, me cambié de nuevo de ropa y me dirigí al trabajo. La lluvia seguía cayendo hacia arriba y el limpiaparabrisas no daba a basto.
Me encaminé hacia la oficina con la sensación de cansancio que te dan los días agotadores. Entre reuniones, papeleo y terminar las cosas pendientes del día anterior hice una pausa para la comida. Cuando llegó mi hora salí de allí para coger de nuevo el coche y dirigirme directamente a casa.
De camino había dejado de llover y el sol me deslumbraba en el horizonte mientras la noche aparecía por el otro extremo.
Al llegar a mi hogar me puse el pijama y desayuné feliz y contento. Ordené rápido un par de cosas y me acosté sin pizca de sueño y con la cabeza totalmente despejada, con una sensación de bienestar que me hizo saber en ese momento que había rejuvenecido un día.
Me quité el pijama y me puse la ropa de estar por casa. Comencé a cenar, no tenía nada de hambre pero la monotonía te hace ser firme en las costumbres. Cuando terminé salí de la cocina con una sensación de hambre atroz.
Me senté al ordenador un rato para leer mi correo y consultar algunas páginas. Cuando vi que el sol comenzaba a salir por el horizonte, me cambié de nuevo de ropa y me dirigí al trabajo. La lluvia seguía cayendo hacia arriba y el limpiaparabrisas no daba a basto.
Me encaminé hacia la oficina con la sensación de cansancio que te dan los días agotadores. Entre reuniones, papeleo y terminar las cosas pendientes del día anterior hice una pausa para la comida. Cuando llegó mi hora salí de allí para coger de nuevo el coche y dirigirme directamente a casa.
De camino había dejado de llover y el sol me deslumbraba en el horizonte mientras la noche aparecía por el otro extremo.
Al llegar a mi hogar me puse el pijama y desayuné feliz y contento. Ordené rápido un par de cosas y me acosté sin pizca de sueño y con la cabeza totalmente despejada, con una sensación de bienestar que me hizo saber en ese momento que había rejuvenecido un día.
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