Tennessee, Octubre 25 de 1921
Querida Gabrielle:
Han pasado dos largos meses desde la última vez que nos vimos. Han ocurrido muchas cosas pero seré escueto. Antes que nada decirte que te echo mucho de menos y que no pasa una sola hora sin que me acuerde de ti. Cuento ansioso los días que faltan para volvernos a ver, para poder enlazar de nuevo tus manos con las mías… y besarte.
Tenessee no es una ciudad muy grande y puede resultar confortable vivir en ella, pero entre la semana los humos de las fábricas no dejan ver el sol con claridad y la gente está de mal humor. He de reconocer que me contagian ese estado de ánimo y me enfado conmigo mismo por no poder verte.
Pronto inaugurarán una vía de ferrocarril nueva y dicen que un billete para el tren costará nueve peñiques menos.
Tu recuerdo constante me hace daño. No puedo apartar la imagen de tus ojos de mi mente y me miran una y otra vez. Acepté este puesto de trabajo para mejorar pero me resulta imposible vivir…
Así que he sacado fuerzas y me he propuesto olvidarte. Estoy seguro que leerás esta carta que dejaré junto a una rosa blanca de las que tanto te gustan sobre tu lápida. No sé cómo, pero estoy convencido que de algún modo la leerás.
Sin más se despide, triste y roto aún por tu recuerdo, tu fiel amado
Bartholomew
Han pasado dos largos meses desde la última vez que nos vimos. Han ocurrido muchas cosas pero seré escueto. Antes que nada decirte que te echo mucho de menos y que no pasa una sola hora sin que me acuerde de ti. Cuento ansioso los días que faltan para volvernos a ver, para poder enlazar de nuevo tus manos con las mías… y besarte.
Tenessee no es una ciudad muy grande y puede resultar confortable vivir en ella, pero entre la semana los humos de las fábricas no dejan ver el sol con claridad y la gente está de mal humor. He de reconocer que me contagian ese estado de ánimo y me enfado conmigo mismo por no poder verte.
Pronto inaugurarán una vía de ferrocarril nueva y dicen que un billete para el tren costará nueve peñiques menos.
Tu recuerdo constante me hace daño. No puedo apartar la imagen de tus ojos de mi mente y me miran una y otra vez. Acepté este puesto de trabajo para mejorar pero me resulta imposible vivir…
Así que he sacado fuerzas y me he propuesto olvidarte. Estoy seguro que leerás esta carta que dejaré junto a una rosa blanca de las que tanto te gustan sobre tu lápida. No sé cómo, pero estoy convencido que de algún modo la leerás.
Sin más se despide, triste y roto aún por tu recuerdo, tu fiel amado
Bartholomew
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