Hay un monstruo debajo de mi cama que ensucia el suelo y lo raya. Quiere que me asome para arañarme la espalda. Aunque me cubro con mi manta morada me hace temblar como una llama al escuchar cómo sus uñas gastadas se rompen bajo mi almohada.
Hay una bruja que me llama desde la ventana, quiere que me asome y me caiga. Veo su silueta recortada mientras vuela amargada delante de la luna menguada. La otra madrugada me lazó una de sus ranas a la ventana pero quedó aplastada sobre la fachada y al poco cayó mareada al suelo justo al lado de la paja del granero.
Hay un cuervo en la punta de una rama del árbol que hay frente a mi ventana. Veo mover sus alas desgarradas en la sombra alargada que se proyecta en la pared de mi estancia. Quiere que baje de la cama y suba del todo mi persiana para entrar y arrancarme la mirada.
Hay una marioneta colgada y enredada en una de las perchas doradas del perchero de la entrada. Ríe a carcajadas vestida con su traje de lana hecho con figuras recortadas de sábanas gastadas. Quiere que me acerque a desenredarla para después con su risa malvada desgajarme el corazón de una puñalada.
En las noches extraviadas recuerdo las palabras de la balada que me cantaba la niñera que me cuidaba: "Noy hay monstruos bajo la cama, no hay brujas amargadas ni pájaros en la ventana, no hay marionetas enredadas en la puerta de la entrada. Sólo una mente asustada que elucubra sonidos en la madrugada ¿no ves que a la mañana todo se acaba?".
Hay una bruja que me llama desde la ventana, quiere que me asome y me caiga. Veo su silueta recortada mientras vuela amargada delante de la luna menguada. La otra madrugada me lazó una de sus ranas a la ventana pero quedó aplastada sobre la fachada y al poco cayó mareada al suelo justo al lado de la paja del granero.
Hay un cuervo en la punta de una rama del árbol que hay frente a mi ventana. Veo mover sus alas desgarradas en la sombra alargada que se proyecta en la pared de mi estancia. Quiere que baje de la cama y suba del todo mi persiana para entrar y arrancarme la mirada.
Hay una marioneta colgada y enredada en una de las perchas doradas del perchero de la entrada. Ríe a carcajadas vestida con su traje de lana hecho con figuras recortadas de sábanas gastadas. Quiere que me acerque a desenredarla para después con su risa malvada desgajarme el corazón de una puñalada.
En las noches extraviadas recuerdo las palabras de la balada que me cantaba la niñera que me cuidaba: "Noy hay monstruos bajo la cama, no hay brujas amargadas ni pájaros en la ventana, no hay marionetas enredadas en la puerta de la entrada. Sólo una mente asustada que elucubra sonidos en la madrugada ¿no ves que a la mañana todo se acaba?".
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